La escuela es el lugar ideal para hacer amigos, conocer algunas cosas, tener nuestro primer amor y para echar a perder las experiencias gratificantes que tuvimos con la lectura cuando aún no sabíamos leer y nuestros papás nos contaban cuentos antes de dormir.
Pareciera ser tajante tal afirmación, pero es que conozco pocas, muy pocas –hasta las cuento con una sola mano– experiencias gratificantes con la lectura en la etapa escolar. La magia de los cuentos nocturnos se esfumó con las primeras clases de primero de primaria en las que la lectura literaria está ausente.
La causa de este mal es solo uno: los maestros no son lectores. Nada tienen que ver los salarios, que la Secretaría de Educación Pública proporcione o no un acervo, y menos aún que no se contemple la lectura en las decenas de reformas educativas. Los docentes solo leen en función de sus clases y, en algunos casos, leen superación personal, pero es difícil verlos leyendo un libro de literatura.
La realidad es que los docentes no leen y por ende no pueden transmitir esa pasión que despiertan los libros. Tampoco tienen idea qué tipo de libros leer para ellos ni para sus alumnos según sus intereses y proyección.
Hace unos días escuché que en una escuela han estado organizando varias actividades para juntar dinero y comprar libros. La idea iba bien hasta que se les preguntó qué tipos de libros comprarían con lo recaudado y la respuesta fue más que lapidaria: los más baratos, esos que venden en las tiendas donde encuentras trastes de plástico, cajas y todo lo que se te ocurra.
La intención no es suficiente. La compra de un acervo para una escuela no es equiparable a comprar pelotas o botes de resistol. La adquisición de libros debe realizarse tomando en cuenta principalmente la calidad del texto, posteriormente el tema, las ilustraciones y la edición.
No quiero imaginar qué decepción se llevarán los niños de esa escuela cuando vean en su biblioteca libros con historias sosas, mal ilustrados y con un lenguaje que en vez de beneficiarlos podría confundirlos. Quien no lee no sabe seleccionar libros para él ni para los demás. Así de sencillo.
¿Qué hacer en la semana?
Las principales actividades que ofrecen los recintos culturales el primer mes del año son exposiciones. En el puerto de Veracruz recién se inauguraron dos exposiciones emblemáticas. La primera es “Tierra prometida” del fotógrafo brasileño Rodrigo Albert. Por primera vez el Recinto Sede del Instituto Veracruzano de la Cultura exhibe en su fachada obra artística, pues al ser un edificio histórico no se había dado este salto que todo hace indicar será del agrado de los paseantes. Se trata de fotografías de gran formato producidas en Argentina, Brasil y México.
Desde la isla de Cuba nos llega la muestra del Taller experimental de gráfica de La Habana. Con una gran tradición al haber formado varias generaciones de artistas, la exposición está conformada por la obra de los artistas contemporáneos del Taller: Manuel López Oliva, Ángel Rivero, Julio Cesar Peña y Rubén Rodríguez. Ambas muestras se encuentran en el Recinto Sede del IVEC, ubicado en Canal esquina Zaragoza, en el Centro histórico de Veracruz.