Las bibliotecas son un refugio. Sí, esta es la mejor descripción para definir a cada una de las bibliotecas del mundo. Las mejores aventuras no solo están esperando entre sus anaqueles, también lo hacen en sus pasillos, vestíbulos y jardines. Poco a poco nos enteramos de actividades que organizan e involucran a personas que nunca hubiéramos imaginado, como los estilistas cargados con sus tijeras, cepillo, atomizador y secadora.
En días recientes la Biblioteca Vasconcelos (sí, la que surgió en el sexenio de Fox cargada de controversia y poco optimismo) tuvo en sus instalaciones las Brigadas de Belleza Itinerante, en las que decenas de estilistas, peluqueros y maquillistas pusieron guapas a centenares de personas. Y ¿saben por qué? porque es una biblioteca viva.
Las Brigadas son el resultado de un trabajo conjunto entre profesionales y asociaciones civiles que buscan mejorar la calidad de vida de personas que han pasado o viven situaciones difíciles por la economía, la violencia y/o por enfermedades. La Vasconcelos, además de proporcionarles un espacio para poner más bellas a las personas, organizó charlas donde profesionales de talla internacional compartieron sus técnicas.
No solo estilistas, peluqueros y maquillistas usaron el micrófono, también lo hicieron escritores como Mario Bellatin quien hizo referencia a su libro "Salón de belleza". La música tradicional también estuvo presente en estas Brigadas, y fueron niños quienes se encargaron de interpretarla con gran sentimiento. De igual forma, hubo espacio para que expertos hablaran de enfermedades que aquejan a varios integrantes de las asociaciones que convocaron a las Brigadas.
Más allá de ser un espacio que resguarda miles de libros, la biblioteca debería ser siempre un instrumento que suma y genera inercias. A decir de Daniel Goldin, estudioso de los procesos lectores y director de la Vasconcelos, es importante que una biblioteca pública lance el mensaje de que este es un espacio de reconocimiento de saberes, donde no todo está estrictamente vinculado a la lectura de libros y donde se puede encontrar algo útil.
Es un espacio donde se fomenta la oralidad. Eso puede ser una biblioteca. Pero ¿cómo lograrlo si la mayoría de las bibliotecas no permite el diálogo entre los asistentes y su mayor anhelo es que todos los libros estén ordenados y que el silencio sea el rey del lugar? No tienen que ser lugares exclusivos, pueden ser lugares compartidos con personas que tienen algo que expresar. El ejercicio debe ser real y constante. Una biblioteca puede ser mucho más que solo un espacio para estudiar. El cambio de visión ya inició. Sería bueno intentarlo en más bibliotecas ¿no creen?